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Dr. Raúl F. Gallardo


Quienes lo conocimos, teníamos la sensación que era invulnerable. Es que siempre fue un luchador inclaudicable, un gladiador, dispuesto a perseverar con talento y esfuerzo para concretar cualquiera de las múltiples iniciativas que nacían de su espíritu joven y creativo, y que lideraba con el carisma de los elegidos. Nos parecía inmume al paso de¡ tiempo. Hasta llegamos a creer que estaba más allá de¡ tiempo y el espacio.
Sin embargo el 6 de abril del 2000, cuando faltaban minutos para la medianoche (pese a que el certificado de defunción dice 7 de abril), se fue de este mundo terrenal en el Sanatorio Plaza, a causa de una inesperada enfermedad, que venció su insaciable sed de vida solamente pocas horas antes del desenlace. Los más allegados estábamos informados. No obstante la noticia nos golpeó muy fuerte. Es que Domingo Serafín Federico deja un gran vacío. El que solo dejan los grandes de verdad, él lo era en toda acepción del término: en el arte y en la vida.

Con casi 84 años se encontraba frente de su cátedra universitaria de bandoneón, primera en el mundo, grabando con la orquesta Juvenil de tango de la Universidad Nacional de Rosario, que él mismo creara en 1994, y preparando actuaciones como la que tenía agendada para el día 30 de abril en el Teatro El Círculo en el espectáculo organizado con motivo del festejo de su octavo aniversario por la FM 98.5 LA TANGO de Rosario.

Hombre multifacético, músico, bandoneonista, director, arreglador, áreas en las que brilló con luz propia, dejó como compositor, en la opinión generalizada, su mayor y mejor obra: más de doscientas composiciones, muchas de ellas inéditas, como la que realizó pocos días antes de su deceso. Internado en el sanatorio, recibió la visita una madrugada de su musa inspiradora y presurosamente llamó a la señora que lo cuidaba y le dictó notas que le brotaban -como casi siempre le ocurría- como un manantial.

Serán recordados, ya que están en la historia grande del tango, los hitos fundamentales de su trayectoria:

* Su iniciación aun niño con el fueye de la mano de su padre Francisco en Carmen de Patagones;
* Sus clases de perfeccionamiento con Pedro Maffia;
* Su primera orquesta de 1932 y que él orgullosamente decía que fue la primera en el género de música característica;
* Luego la orquesta de señoritas que dirigió con la participación de su hermana Nélida, también en el bandoneón;
* Su posterior intervención en las orquestas de Scarpino, Ricardo Luis Brignolo y su primer gran paso al incorporarse a la de Juan Canaro con la que llega al disco, y participa de numerosas actuaciones, mientras esforzadamente estudiaba medicina desde el año 1936.
* Finalmente su ingreso como primer bandoneón a la de Miguel Caló que poco tiempo después, con el ingreso de Francini, Pontier y Maderna pasa a convertirse en la Orquesta de las Estrellas, circunstancias que no solo le permiten acceder a los primeros planos en el tango, sino que también le posibilitan su feliz encuentro con uno le los dos grandes Homero del tango.

Federico y Expósito lograron una onjunción de música y poesía que además de jerarquizar al tango, produjo algunos de los más bellos frutos que dio todo el arte popular argentino. Lo que no es poco decir. Si no, repasemos-. Al compás de¡ corazón, Yuyo verde, Percal, Tristezas de la calle Corrientes, A bailar, Yo soy el tango...

Inquieto, además de talentoso, se acercó al cine y tuvo a su cargo la dirección musical de numerosos filmes, llegando incluso a actuar, así como también en su etapa rosarina creó varias comedias musicales, algunas de las cuales fueron representadas en teatros de nuestra ciudad.

Como si todo eso fuera poco, fue conferencista y charlista en temas vinculados con la sociología del tango, socio fundador de SADAIC cuyo directorio integró, Presidente del Consejo Panamericano de la Confederación Internacional de Sociedades de Autores y Compositores (CISAC) y Presidente del Consejo Panamericano de Autores y Compositores.

El 16 de junio de 1943 en el Café Select Buen Orden debutó al frente de su orquesta por la que desfilaron entre otros cantores, Carlos Vidal, Oscar Larroca, Armando Moreno, Enzo Valentino, Mario Bustos. Con una tendencia enrolada en la línea seguida por Miguel Caló, que a su vez abreva en la creada por Osvaldo Fresedo, pero definida con perfiles propios que le dan rasgos no exentos de originalidad, realizó una intensa actividad en todo el país y grabó numerosas placas discográficas que luego de la devastación realizada por el colombiano Mejías -el maestro siempre recordaba que solo quedaron dieciocho (18) de las matrices de su más de 100 grabaciones de su etapa en Buenos Aires-, hoy sobreviven transformadas muchas en piezas de colección.

Después, en 1957 se radica en Rosario, concretando su unión con Haydée Cardon, y su actividad en nuestro medio al frente de una gran orquesta, con destacados músicos rosarinos y las voces de Rubén Sánchez y Rubén Maciel, con quienes también actúa conformando el trío Saludos, actividades en radio y televisión grabaciones en sellos Victor, Embassy y Rosafon, bailes y teatros, la creación numerosas comedias musicales y el apunte en una crónica más cercana de su cátedra del bandoneón, primera en su tipo en todo el mundo y la creación de la orquesta juvenil de tango de la Universidad Nacional de Rosario.
Antes de su última experiencia orquestal había realizado 45 giras por la Argentina y países latinoamericanos y 120 recitales en el Japón, primero como bandoneonista de la orquesta de Francisco Canaro en 1961 y luego al frente del quinteto
A lo Pirincho.

Y al frente de esta juvenil orquesta de la U. N. R. en la que comandaba la línea de fueyes, y se lucían como cantores Héctor Cataneo, Graciela Rey, Carlos Calcagno y Eduardo Vila, volvió a viajar. Actuó durante noviembre y diciembre de 1998 en Alemania, Suiza y Holanda y en 1997/9 en sendos recitales en el Hotel Sheraton y Teatro Gral. San Martín de la ciudad de Buenos Aires. Además realizó numerosas presentaciones en nuestra ciudad y zona de influencia, grabando un disco compacto con el auspicio de la Secretaría de Cultura de la U.N.R. y de la Municipalidad rosarina.

Esta experiencia orquestal -que marca un hito importante en la rica historia musical de Rosario- en la que se conjugan la veteranía de algunos con la juventud de otros, todos ¡¡dorados por esta emblemático figura del tango, permitió que muchos jóvenes tuvieran la posibilidad de acceder a una experiencia irrepetible que les permite adentrarse en el hermoso mundo musical del tango.

Como es natural, ante tamaño despliegue de talento y creatividad, recibió numerosas distinciones destacándose su designación como Ciudadano Ilustre de la ciudad de Rosario en 1987, Gran Premio Musical SADAIC (1988), San José de Plata (1990), Lira del Sindicato de Músicos de la ciudad de Rosario, etc.

Pero además de hacer realidad sus sueños, por sobre todas as cosas, recibió en vida el mejor premio que un hombre puede ansiar: el amor de sus seres queridos, un inmenso y cariñoso respeto de sus discípulos, un sincero sentimiento de amistad que supo inspirar a todos los que lo conocieron, la admiración de los tangueros por su magnífica obra y el reconocimiento, compañerismo y adhesión de sus músicos y cantores, que valoraron su la musical y humana, ya que marcó rumbos, dejando un amplio y generoso legado, que esperamos nunca se pierda.

Cuando en la tarde del 7 de abril en el panteón de SADAIC del Cementerio La Piedad, al despedir sus restos mortales, los jóvenes bandoneonistas de su orquesta -como él alguna vez había pedido- tocaron los compases de Saludos, vivimos momentos conmovedores, y trocamos el aplauso por lágrimas sinceras.

Estoy convencido que mi amigo Domingo, que dejó una ancha huella y esparció semillas que -tenemos la esperanza- seguramente serán fructificadas por el viento de la vida, ahora en otra dimensión y en otro escenario, estará organizando una cátedra de bandoneón y armando una nueva orquesta, mientras compone deslizando notas en un pentagrama celestial.

 

Artículo publicado en la Revista CLUB DE TANGO Nro.41    Marzo-Abril  2000

 

 

 


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