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El Tango, Tema Popular de los Argentinos en la Tarea de Froilán F. Gorrindo
Su Vida y su Obra

jorge fernández "jorfer"

 

¿Es cierto que cantar verdades nos acorta la vida..?
Por lo menos, tanto Discépolo como Gorrindo, así lo demuestran...
Ninguno de los dos, pudo llegar a la edad de jubilarse.

 
n 1908, recién comenzado el siglo XX, casi marcando el final de la primera década, nacía un poeta que marcaría un destino claro y definido, siguiendo anteriores rumbos. Ese poeta se llamaba Froilán Francisco Gorrindo y llegó al mundo en momentos en que el planeta se convulsionaba.
Era un año agitado, tanto como pueden serlo todos los años desde que el mundo es mundo y el hombre trata de historiarlo. En 1908, Bulgaria se transforma en reino; Austria se anexa los territorios de Bosnia y Herzegovina; el terrorismo ataca a la familia real de Portugal; en Missury (EE.UU.) se funda la primera Escuela de Periodismo; y también, la noticia más terrible: 200.000 muertos en el terrible terremoto que destruye las provincias de Sicilia y Calabria, en Italia de la lírica y el bel-canto. En nuestro país, la cosa transcurre casi igual que hoy; mano fuerte del presidente don Figueroa Alcorta que, como no pudo obtener la aprobación del Congreso a la Ley del Presupuesto Nacional, pretende clausurarlo. Pero se crea la Unión Nacional, gana las elecciones y de ese modo logra manejar al Congreso que apoya al presidente. También en 1908, sufríamos de los problemas en casi todas las fronteras. A las diferencias habituales con Chile, discutimos con Uruguay sobre el control del Río de la Plata; con Bolivia tenemos discrepancias sobre el fallo argentino por el litigio Bolivia-Perú; se llega a que La Paz rompa relaciones con la Argentina y nuestro país resuelve la situación comprando los acorazados "Moreno" y "Rivadavia" (?); la Compañía Argentina de los Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) examina las napas en Comodoro Rivadavia; una ley autoriza la construcción de Puerto Nuevo; el 25 de mayo de 1908 es inaugurado el Teatro Colón, que ocupará el predio ubicado frente a la Plaza Lavalle. Otras salas anteriores han llevado su nombre, pero será ésta la que cumpla el sueño de los porteños de tener "una gran sala de ópera". La orquesta del Teatro "Colón" con sus 100 integrantes (en su mayoría profesores de música) es creada lo mismo que los Coros y el Cuerpo de Baile. Todo esto hace que en este nuevo edificio de belleza arquitectónica, se reuna la "crema" de la cultura metropolitana, en orgullosos comentarios. También despierta el genio creador de la cinematografía argentina, que emite su primera película: "El fusilamiento de Dorrego". El combinado de fútbol de la Argentina, inicia su primera gira por el exterior, que termina invicta luego de 7 partidos con 6 victorias y un solo empate: 31 goles a favor y 5 en contra. También en ese año, un 17 de octubre, se eleva por última vez "El Pampero" que lleva a Eduardo Newbery y a Eduardo Romero con una canasta de palomas mensajeras. El misterio lo envuelve en las sombras, ya que nunca más se los volverá a ver. El misterio se tragó para siempre la vida de estos dos arriesgados y valientes aeronautas de quienes se desconoce el destino final. Un enigma.
 
Ese era el clima que se vivía en ese año 1908, en que el 5 de octubre nacía Froilán Francisco Gorrindo, en un modesto hogar de la localidad de Quilmes, en el sur de la provincia de Buenos Aires. Desde muy pequeño (en que perdió a su progenitor) fue criado por su madre y sus tías.
Su carácter rebelde (temperamental y descontento) lo fue modelando en su lucha con la miseria. No tuvo otra instrucción que esa escuela primaria que prontamente abandonó, tomando de la rigurosa disciplina callejera sus ácidas lecciones de realidad y crudeza. Sin embargo, quizás buscando instintivamente un equilibrio natural de sensaciones espirituales, se sintió atraido por la poesía. Y quiso escribir y lo hizo.
Habiendo nutrido su experiencia en la lucha cotidiana, no era de esperar que no fuera esa la resultante de su obra. Trasnochador, ansioso bohemio que buscó en el hueco de los ámbitos nocturnos, esa borrosa imagen de felicidad que se sueña y se presiente en la fragorosa ilusión de indagar en el misterio de la vida. Así se lo fue conociendo y así muchos aprendieron a respetarlo.
La vida lo arrebató con sus doradas alas y se casó con Elma Lepanti, un 21 de junio de 1937, iniciando lo que sería la parte más rescatable de su vida, que floreció a través de sus tres niños: Sonia Norma, Marta Edith y Juan Carlos. Gorrindo reía y era feliz. Sus amigos lo llamaban "Pancho" y con mucho sacrificio, compró una vivienda en la calle Belgrano 1053 (siempre en su Quilmes natal) en la cual vivió con toda su familia hasta 1940, lo que algunos han considerado su mejor tiempo de poeta y autor.
Sin embargo, fue desgastando su salud en forma persistente y consecuentemente, comenzó a preocupar a los demás. Las salidas nocturnas, los desvelos no recuperados, fueron minando su precaria salud. Llegó a entrar en crisis su gastado sistema nervioso, sembrando temor y angustia entre sus allegados. El amor entrañable de su familia logró, junto al efecto de la medicina, ponerlo transitoriamente a salvo. A todo esto, Gorrindo escribía incansablemente. Lo hacía con un tono áspero, lleno de rigor y, naturalmente, crudo. A veces, algo despiadado, como repitiendo aquella parábola metafísica que nos legara el inefable Enrique Santos Discépolo. Como queriendo transmitir su real filosofía al mundo, tratando de explicar el porqué de las conductas humanas, como queriendo prevenirnos de todo cuanto ya él mismo, había logrado revelar de la misteriosa trama. ¡Cuántas páginas se podrían seguir escribiendo (aún hoy, en la puerta del año 2000) sobre este tema que no es otra cosa que el reflejo de la miseria humana, analizada por el mismo ser humano!
Un amigo de la infancia, don Jorge Rodríguez Lizza, ha dicho que "Gorrindo se definió a sí mismo, en la letra del tango "Mala suerte" donde dice: "porque yo sé que mi vida / no es una vida modelo, / porque quien tiene un cariño / al cariño se ha de dar... / y yo soy como el jilguero / que aún estando en jaula de oro, / en su canto llora siempre / el antojo de volar...".
"Pancho" Gorrindo fue un enamorado de su Quilmes natal, al que nunca abandonó. Allá por el año 1959, un terrible virus atacó su organismo y durante 4 años debió luchar apelando a sus reservas vitales. Sin embargo, totalmente destrozado por ese flagelo, el 2 de enero de 1963, entregó su alma al cielo, y nos dejó para siempre. Indudablemente, era muy joven, contaba sólo con 54 años y el tango esperaba aún más de su inspiración.
Quilmes ha honrado la memoria de su querido hijo, confiriendo su nombre a una de las calles que lo ha inmortalizado. El mismo Gorrindo había escrito aquello que dice:
 
"Vieja calle de mi barrio
donde he dado el primer paso;
vuelvo a vos, gastado el mazo...
Es inútil, barajar..."

 
Con emocionante simpleza, dijo con certeras palabras, toda la esencia que el tango reconoce como suya.
El fenómeno Gorrindo eclosionó en el fervor popular allá por los albores del 40, cuando una serie de tangos filosóficos, reveladores de la sentencia del arte de vivir, plenos de elocuentes testimonios del comportamiento humano, comenzaron a transitar la conciencia ciudadana, en las voces de sus trovadores. Grandes obras como "Las cuarenta", "Paciencia", "Gólgota", "Mala suerte", "Ansiedad" y "La bruja" (hay muchos más hasta casi llegar a setenta obras), hicieron rápidamente que su nombre alcanzara la popularidad.
El tango que musicalizara Roberto Grela y que llamaran "Las cuarenta" fue estrenado por el "chansonnier" Fernando Díaz en una actuación realizada en General Pico (La Pampa), para más tarde ser interpretado en Radio Belgrano por Azucena Maizani, Charlo, Jorge Omar, Roberto Maida con la orquesta de Francisco Canaro, Alberto Serna y casi todos los cantores hasta llegar a la actualidad.
Otro importante suceso fue el tango "Paciencia", cuyos versos entregó Gorrindo a Juan D’Arienzo. Lo ejecutó la orquesta de "El Rey del Compás", lo cantó Enrique Carbel y lo grabó por primera vez en 1937; también lo cantó y grabó Alberto Echagüe; por tercera vez lo graba Juan D’Arienzo con la voz de Horacio Palma, y finalmente, otra vez en 1970, Alberto Echagüe. También lo grabó Agustín Magaldi el 6 de enero de 1938 poco tiempo antes de su muerte.
Otro tango que se recuerda "Gólgota", compuesto por el pianista Rodolfo Biaggi que con la voz de Teófilo Ibáñez, grabado en discos de 78 rpm; en 1938 lo graba también Jorge Omar con la orquesta de Francisco Lomuto, y poco después lo hace también el rosarino Héctor Palacios.
"Novia", otro tango de su autoría, fue grabado por Charlo, con música de Francisco Rofrano, en el año 1937.
"Déjame ser así"
tango de Gorrindo y el bandoneonista Enrique Rodríguez, fue grabado por el conjunto de este director, cantando Roberto "Chato" Flores.
Otro tango, "Verano", creado con el bandoneonistapianista Joaquín Mauricio Mora; "La bruja", un tango cuya música compuso Juan Polito, fue grabado dos veces por Juan D’Arienzo, a través de las voces de Alberto Echagüe y Mario Bustos; "Ansiedad", otro bello tango creado por Domingo Moro (bandoneonista de la primitiva orquesta de Juan D’Arienzo); "Mala suerte", tango con música de Francisco Lomuto, cantado por Jorge Omar y grabado durante 1939; "Dos guitas", otro tango creado junto a D’Arienzo, grabado en 1954 con Alberto Echagüe; "La vida es corta", tango con Ricardo Tanturi, grabado con el aporte vocal de Alberto Castillo; "Magdala", otro tango con Rodolfo Biaggi que grabó por primera vez D’Arienzo cantando Alberto Laborde un 26 de diciembre de 1944, aventajando a Rodolfo Biaggi que lo hace recién el 24 de enero de 1945, casi un mes más tarde, con la voz de Jorge Ortiz.
Uno de sus últimos tangos, "Mi cielo", fue musicalizado por el bandoneonista Héctor D’Espósito, y es en donde Francisco Froilán Gorrindo, ese ser humano que gritó lo despiadado de la injusticia, se hace romántico y delira su inmensa fe, abriendo así su corazón:
 
"En el cielo inmenso de tus ojos glaucos
yo aprendí el latido de mi corazón;
y en esa noche, cargada de estrellas,
me he sentido bueno cerquita de Dios..."

 

 

 

Artículo publicado en la Revista CLUB DE TANGO Nro.26  Septiembre-Octubre  1997

 

 


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