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Una Tarde en Buenos Aires
con el Marinero Montes...


jorge fernández
"jorfer"

 

star junto a un instrumentista del bandoneón de la talla de Osvaldo José Montes, no es casual ni tampoco cotidiano. Un sinnúmero de compromisos que lo unen con su actividad profesional a todas las organizaciones, entidades y medios que reclaman su presencia artística, hacen bastante difícil poder ubicar el momento propicio para lograrlo. No en vano, a través de su sonriente imagen de hombre feliz, se le escucha repetir que "La música es el arte de combinar los horarios". Pero como el tiempo se cumple y los hechos se concretan, acá estoy conversando con este simple y maravilloso ser humano, don Osvaldo José Montes, bandoneón de por medio, riéndonos y comentando muy familiarmente, hechos y cosas que integran su extensa biografía. Y casi sin proponérselo, comienza un diálogo que nos llevará a tiempos ya lejanos que nos hablan de sus comienzos.

Hago alusión a un hermoso tango suyo, que acaba de tocar en el bandoneón y donde, casi naturalmente, ha volcado un inmenso caudal de emotividad. Y le pregunto:

- Acabamos de escuchar un bello tango que has titulado "A los míos". Por lo que puedo observar, es indudable que en él se encuentran depositados un montón de recuerdos, de emociones, que llegan hasta lo más profundo de tu sentir...

Y contesta rápidamente, mientras apoya el bandoneón sobre el piso:


-
Este tango sí que representa demasiado para mí. Está dedicado a mi casa paterna, allá en la calle Garibaldi 732, de la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe. Ahí nací y viven mis padres y mi hermana, que permanecen en ese mismo lugar, y seguimos estando muy unidos. Una vez, siendo más joven, alguien me hizo el primer reportaje, y dije que iba a procurar salir adelante aunque debiera para ello tener que emplear mis uñas y dientes para lograrlo... Mi interés era simplemente, lograr vivir todos juntos, ya que mi gusto era poder compartir con ellos (que siempre tanto me han ayudado) a transitar ese camino que no sé a dónde me llevará, pero con el cual no me conformo totalmente. Siempre falta un poquito más...

- Osvaldo, quiere decir entonces que en este tango has querido depositar toda tu infancia, los dulces sueños de tu juventud. Y hoy que me encuentro ante una persona adulta, con una brillante profesión artística que es tu gran ambición, compruebo que tenés ganado un nombre categórico en el mundo del tango, y eso, en este Buenos Aires, no es poco. Realmente, tiene un enorme mérito.

Y es aquí donde Montes persiste en querer agregar algo más a su primera simbología personal, familiar:

- Sintetizando: "A los míos" está dedicado a ese momento en que mis padres dijeron que su pretensión era que tomara por un camino feliz que sabían yo trataría de encontrar. En esa frase de "siempre falta un poquito más" quiero significar que si me considero conforme, podría suponer el final de mi empresa, y no es así. Pienso seguir estudiando mucho más, me voy a seguir superando en el intento de mejorar y escalar mejores horizontes. No quiero ni siquiera suponer que el tango termina en la avenida Geneal Paz.

- Prueba de que ello no es así, sos vos mismo, que trajiste el tango desde tu Rosario natal a este Buenos Aires, que viene a ser una especie de capital mundial del tango. Osvaldo, sé que en Rosario existe una raza de tangueros (bandoneonistas en especial) que llevan el estandarte de ese famoso maestro que orientó tus mejores aspiraciones juveniles...

- Antonio Ríos, gran maestro, líder de muchos bandoneonistas rosarinos; Julio Ahumada, Néstor Marconi, Príncipe (que inició su carrera en la localidad de Alcorta, pegadito a la ciudad de Santa Fe), Nito Farace de Arroyo Seco (el mismo violinista que acompañó a Pichuco), el otro fueyero autor de "Vamos. vamos zaino viejo", que fue Fernando Tell... y otros más que escapan a mi recuerdo. A veces, uno va acumulando el recuerdo de innumerables amigos y figuras que comparten la secuencia de la vida, y hasta que no las vuelve a ver o alguien se las menciona, permanecen en el silencio de la mente.

Justamente en estos días (sigue diciendo Montes) debo integrar una dotación compuesta por 24 músicos, entre los cuales 7 u 8 son solistas del Teatro Colón. Se trata de una camerata o conjunto de cuerdas, de música de cámara, liderada por ese virtuoso del violín (también rosarino), que se llama Antonio Agri. En ese conjunto tengo el halago de haber sido designado Solista de Bandoneón. Viajamos en los próximos días al Japón, donde realizaremos una gira artística que comprenderá las principales ciudades.

 

- Evidentemente, debe pesar en la consideración alcanzada por este conjunto que interesa ser visto y oido en el Japón, donde sabemos existen hábiles empresarios. Pero también me interesa (volviendo al tema anterior) conocer el origen de otro de tus tangos, recientemente grabado y que integra como el anterior, el repertorio de esta producción fonográfica que lleva por título "40 años con el Tango". Me estoy refiriendo al tango "Chau Pipa", que segu-ramente debe tener un trasfondo de nostálgicas vivencias.


- Te explico: uno de mis mejores amigos fue mi suegro. Cuando aún vivía y, estando por nacer mi primera hija, falleció repentinamente a raíz de un derrame cerebral. Cuatro días después nació mi hijita Marina y por ello, en su homenaje, le dediqué este tango. El nombre de Pipa es el cariñoso mote que mis tres hijas usan para recordarlo. Si escuchás bien este tango, ubicarás una primera parte algo alegrona, que tiende a describir su temperamento, y en la segunda, intento traducir dentro de mis modestas posibilidades, un pequeño responso que hice con mucho cariño, aunque no sé si lo he logrado. Vale entonces mi intención.

- Está claro que tu sensibilidad romántica se manifiesta a través del estilo con que ejecutas el bandoneón. Así te identifica, pero en esos tangos inéditos, encuentro otro título que impulsa mi curiosidad: "Ninine" y debe, seguramente, guardar algún motivo especial para vos...

- Ah sí... se trata de un vals que dediqué a mi querida esposa. El 26 de octubre de 1988 cumpliremos nada menos que 25 años de matrimonio, y vamos a festejar esas Bodas de Plata como si aún fuéramos novios... No acertaba a definir el título que le pondría, cuando José Bragato me acercó la solución: "Ninine", que en su idioma friulano de la ciudad de Udine, de donde es José Bragato, en el norte de Italia, significa "niña mía" o "querida". Ese es el origen de este vals que hice para mi señora.

 

- Te agradezco los datos. A propósito de la tarea que está realizando el maestro José Bragato, diré que es una labor muy importante y valiosa para los archivos musicales y los anales de SADAIC.

- Así es, el maestro Bragato está recopilando toda la producción de música culta (o seria, como se la llama), que algunos autores argentinos han producido en el extranjero. Un trabajo de investigación que resulta de gran importancia para el patrimonio cultural argentino, sin duda alguna.

 

Y sigue Osvaldo Montes doblando la manta del bandoneón que aún tenía sobre las rodillas. Y yo aprovecho para dispararle otra pregunta:


- Hay otro tema, también suyo, que se llama "Malecón de mis recuerdos" y eso me huele también a algunos otros episodios que debe haber vivido en algún momento.

 

Montes sonríe... y guarda la manta en el estuche del bandoneón, mientras inicia la contestación a la pregunta:

- Tuve la fortuna de estar nueve años trabajando junto a la gran orquesta del maestro Mariano Mores y viajábamos todos los años al Caribe... Ese tango está dedicado al malecón de la República Dominicana, de Santo Domingo, donde tengo tantos buenos amigos inolvidables. En el tiempo en que toqué con Mores, fuimos 4 o 5 veces a esos lugares. Integraban la orquesta, Roberto Pansera en teclados, Aldo Nicolini en el contrabajo, Marianito en la dirección y yo en el bandoneón, José Correale en percusión, Ramón Eusebio Barrionuevo (supongo que es de Catamarca) en la guitarra, y las voces de Nito y Claudia Mores. A esa querida nación, al malecón de la República Dominicana, con todo el respeto y cariño, le dediqué esta humilde melodía.

 

- Osvaldo, vos que tuviste la suerte de estar en lugares tan prolíficos en ritmos centroamericanos, ¿me podés explicar el sentido de ir a ejecutar tangos en esos lugares? ¿Es bien recibido, tiene aceptación...?

 

Se le encienden los ojos a Montes, sonríe y dice:

- Hay cosas que parecen inexplicables. Lo que logró Carlos Gardel en momentos en que no existían canales de televisión y no estaba la radio en todo su esplendor, sin la publicidad que hoy magnifica y promociona todo, parece increíble. El haber estado una o dos veces en algún determinado lugar, ha originado recuerdos casi de leyenda, que motiva a sociedades y comunidades cuyas comisiones mantienen vivo su recuerdo, y en homenaje a la fecha de su muerte, se van una o dos semanas antes, para llegar a Medellín, portando un presente de flores al inolvidable Carlitos. En la República Dominicana funciona una radio que cada 24 de junio, irradia la música de Gardel durante 12 horas consecutivas. Algo que acá, en nuestro país, no se logra realizar.

 

- Hay otro tema musical que llama mi atención. Es uno que se denomina "Pipinot" y vos debés saber el porqué de ese nombre.

- Ajá... Sí; es otro tango mío, al que denominé "Pipinot", que dediqué a mi compadre, otro argentino como yo, con el que hicimos el servicio militar obligatorio, dando la vuelta al mundo (estábamos reclutados en la Armada Argentina) y en un momento especial de su vida, le regalé ese tango, que con el maestro Bragato, denominé "Pipinot", que en el idioma friulano que utiliza, me explicó que significa "muñequito" o "pequeño payasito". Al entregárselo y explicarle el nombre a la esposa, se echó a reir y asombrada, me dijo: "No se imagina Ud. la sorpresa que va a recibir, ya que sus padres también son friulanos y el único recuerdo que tiene de ellos, es un salerito que usaba su madre, con un pequeño payasito de madera como adorno. Según parece, en Udine también se llamaba a los niños "Pipinot", como agradable diminutivo.

 

- ¿No tiene nada que ver esta historia con ese otro tema que lleva el nombre de "Mumiot"?

Ahora ya la risa es franca y contagiosa. Esta investigación le está quitando ese sano y reservado misterio con que adereza sus tangos y sus canciones y, poco a poco, va soltando los porqués y nos encontramos ante un músico que disfruta grandemente de su obra, sutil hasta lo increíble, que se refugia del bullicio, en la protección de sus silencios.


- Ese tango que se llama "Mumiot" viene a ser un resabio de mis primeros años. "Mumiot" es un changuito... pero en vez de ser de nuestro norte, resulta ser un bambino del norte de Italia... y si te fijás, está firmado con un seudónimo que adopté para firmar algunos temas musicales: "Varito"... En vez de Osvaldo Montes, puse "Varito" que nada tiene que ver con Udine, ni con José Bragato, ni con el dialecto friulano. En vez de llamarme Osvaldito, mis padres me decían "Varito" y por eso volví a ese grato nombre, pero en estado infantil...

 

- Después de leer la nómina de títulos de este tra-bajo musical denominado "40 años con el Tango", observo la inclusión de otro tema en el que rendís tributo a otro bandoneonista amigo: Roberto Pansera, a quien todos valoramos y respetamos.


- Es cierto, no cabe ninguna duda. Su genialidad es evidente, conociendo su producción, y si además, toma un instrumento de los varios que ejecuta, bueno, es algo muy respetable. No en vano es capaz de escribir un arreglo musical para los principales intérpretes, incluyendo figuras como Plácido Domingo. Por lo tanto, cualquier homenaje para Roberto Pansera es merecido. Tanto yo, que toqué a su lado, como vos que lo trataste en los tiempos de la Editorial Neumann, en Maipú 235, sabemos que es así. Yo le testimonié mi reconocimiento con este tango que le dediqué y que he titulado "El bocho".

 

Y yo agrego: hay que escuchar este tango para apreciar el respeto y aprecio que siente Osvaldo Montes por Roberto Pansera, que como el mismo Astor Piazzolla, nació en la ciudad de Mar del Plata, Este tango, que aún no conoce Pansera, también integra esta producción tanguera que ha grabado Osvaldo Montes, "40 años con el Tango" en doce brillantes solos de bandoneón, sobre arreglos propios y de Roberto Pansera. Y como de hablar se trata, voy a repetir textualmente, estos valiosos conceptos que, para la opinión general de los tangueros, nos deja este sonriente amigo, el popular "Marinero Montes" tal como lo llaman afectuosamente sus colegas y amigos, que se acostumbraron a este mote debido a que Osvaldo Montes, franco de servicio en la base de Río Santiago, llegaba a Buenos Aires para tocar el bandoneón de "cambio" o efectivo, en algunas orquestas de este medio capitalino. Se quitaba la blusa blanca de "maringote", y con un saco prestado, se ponía el bandoneón sobre sus rodillas para tocar sus tangos. Nos dice Osvaldo Montes:

- Quiero que tengan en mente, que hay personas que en el año 2000 van a pasar seguramente, a ser los "capos" de nuestra música, así como lo fueron en otros tiempos Pedro Maffia, Pedro Laurenz, Astor Piazzolla y Leopoldo Federico, sin olvidar al gordo Pichuco. Yo pienso que en el 2000 lo van a ser Binelli, Pane, Marconi o algunos otros que ya vienen mostrando su gran capacidad. No obstante ello, quiero que sepan que por mi parte, no me pienso retirar, y si no me quieren oir, van a tener que echarme.

 

Y ahora, la anécdota final:


Para festejar los "40 años con el Tango", se realizó el martes 27 de setiembre de 1988, en el Salón de "La Nostalgia está de Moda", una reunión en donde se encontraron más de 200 amigos en trance de agasajar a Osvaldo Montes, que nos cuenta lo siguiente:


- El rosarino Siro San Román nos invitó con una convocatoria a la cual acudieron jueces, profesores universitarios, músicos, poetas, amigos íntimos, entre los cuales cuento abogados y profesionales. Fue todo muy emotivo. Recuerdo que me hicieron hablar y lo hice ante mi esposa, mi padre y mis tres hijas. Mi viejo viajó expresamente desde Rosario para estar conmigo, trayendo sus 82 años y la guitarra consigo. Ahí conté que en mis juveniles romances, allá en mis años mozos en Rosario, tuve de novia a una excelente señorita, con excelente posición social y económica. Se me apersonó el padre y me dijo: "Jovencito: estamos dispuestos a que se case con nuestra hija, pero como comprenderá, tiene que dejar el bandoneón. Usted va a terminar muriéndose de hambre, y junto a Ud. seguramente, nuestra hija". Y le contesté: "No señor... como ve, soy muy joven y tengo la aspiración de no morirme de hambre..." No importa lo demás. Pasaron montones de cosas. Se quivocó el señor de doble forma: como pueden apreciar, tengo una familia excelente y además, si tengo acá 200 amigos que me testimonian su afecto al rendirme este homenaje, tiene que comprender que esto no se puede comprar con plata ni con nada que no sea esta conmovedora amistad".

 

Después, tangos a granel, junto a poemas y glosas. Tocó Osvaldo Montes su bandoneón, acompañado por su padre en la guitarra, el tango "Jueves" de Toranzo y Rossi, entre el fervoroso griterío y aplausos de todos los amigos y familiares, profundamente emocionados. Carlos García tocó el piano junto al bandoneón del "marinero". Más tarde se integró un trío con Giaimo al piano, Montes en el bandoneón y el hijo de Delio, Rubén, en el contrabajo. Orlando Punzi dijo sus poemas. La fiesta culminó con el conjunto de Raúl Garello, cantando el uruguayo Gustavo Nocceti.

Toda una noche inolvidable. Detrás del cristal de la vidriera, alcanzamos a ver la imagen sonriente y feliz del "Marinero" Osvaldo Montes haciendo sonar su bandoneón rosarino, en la noche porteña.

Si bien Carlitos dijo que "Veinte años no son nada", "40 años con el Tango", ya comienza a parecer que es algo.


 

Artículo publicado en la Revista CLUB DE TANGO Nro.24  abril-mayo  1997

 

 


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