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LILIANA GIAMBELLUCA
Foto: Juan Kedro López

A modo de tributo hacia aquellos judíos que realizaron importantes aportes al tango, el periodista Julio Nudler acaba de presentar Tango Judio. Del ghetto a la milonga.
Un libro cuya lectura no debe privarse ningún tangófilo o estudioso del tango.
Mucho se ha escrito acerca de nuestra música ciudadana pero poco con rigurosidad investigativa. Son libros plagados de anécdotas de segunda mano que ni siquiera se han cotejado con las fuentes. No es el caso de Nudler, quien buscó a los verdaderos protagonistas o a sus descendientes para que le aportaran información. "Me interesó investigar, ir a las fuentes en busca de respuestas", dice a CLUB DE TANGO.

El gusto por el género, que desarrolló en notas periodísticas, lo llevó a abordar el aporte judío al tango. "Empecé a advertir que la relación entre la comunidad judía porteña y el tango era llamativamente fuerte -dice-, pero al mismo tiempo, y de algún modo, ignorada". Acaso porque el público reconocía a los cantantes y a los directores de las orquestas, es que ignoraba a sus músicos. Y allí estaban los judíos. "Autores y compositores también podian ser reconocidos e identificados pero no hallamos tantos judíos, si los encontramos como músicos dentro de las orqiuestas".

La inserción judia en el mundo del tango se verifica "en las dos primeras décadas del siglo con la "Orquesta Típica Crilolla El Rusito" de Antonio Guzmán, que era bandoneonista y carrero de Barracas. El disco, que grabó en el año 1914, es la tapa del libro", sostiene Nudler. Por otro lado, algunas de las más importantes organizaciones de rufianes, de tratas de blancas, en el Río de La Plata, eran Judías, como la célebre Varsovia luego rebautizada Zivi Migdal. De modo que el prostíbulo fue un lugar de encuetro entre los Judíos y el tango".

El uso de seudónimos contribuyó a ocultar el aporte de los judíos al tango. León Zuker, un cantor popular en su momento, usó el seudónimo de Roberto Beltrán porque Celedonio Flores le dijo: "Si querés ser un cantor de tangos no te podes llamar León Zuker". El grado de antisemitismo era bajo pero el ambiente tanguero consideraba "poco comercial" un nombre judío. "Creo que el judío era admitido en el mundo del tango pero con la condición de que dejara un poco afuera su condición de tal, su origen, su identidad", sostiene Nudler.

Pero no en todos los casos fue asi, indica el autor. El empresario judío conservó su verdadero nombre. A fines de la primera década, Max Glücksmann, con Discos Nacional Odeón, fue vital en el desarrollo y difusión del tango. El mismo aporte realizó Julio Korn, el más importante editor del género y de la revista La Canción Moderna que contenía letras de tango. En los años 20, Jaime Yankelevich impulsó la radio y con ella la difusión del tango a todos los hogares. Los hermanos Rubistein constituyeron a partir de 1935 un holding tanguero ya que en un mismo sitio, Callao al 400, editaban, componían crearon la academia Paadi y un estudio de radio donde los alumnos tenían salida laboral.

De modo que el enorme impulso al tango, también fue dado por músicos, letristas, compositores, difusores y empresarios judíos. Aquellos que cultivaron una doble cultura: la judía y la tanguera. 0 al decir del autor: judíos que pasaban "del ghetto a la milonga".

 

 

Artículo publicado en la Revista CLUB DE TANGO Nro.40    Enero-Febrero  2000

 

 


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