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Verlaine y el tango

 

Los poetas simbolistas -Paul Verlaine entre ellos- prefirieron el matiz al color y optaron por los tonos indefinidos y los conceptos vagos. El gris fue su tono preferido, precisamente porque no es un color sino un grado de luminosidad intermedio entre el negro y el blanco. Por ello se ha dicho que "el gris es el color de Verlaine".

El gris expresa el ánimo melancólico característico de esa corriente literaria, consecuencia de su búsqueda de ambigüedad conceptual. De ahí su preferencia por el atardecer cuando los colores se esfuman y sólo queda el gris, símbolo de melancolía e indefinición.

 

Reflejo de su habitat geográfico, la música del norte de nuestro país, como el carnavalito y el takirari, es alegre como el colorido paisaje de su entorno. El tango, en cambio, es triste porque su ámbito fue el arrabal y el puerto. A excepción de la alegría, el tango ha expresado todos los sentimientos y, si bien hay tangos sarcásticos y cachadores, sus manifestaciones son de burla y no de alegría.

Como los simbolistas, los poetas del tango recurrieron al gris, la lluvia, la niebla, al atardecer, al crepúsculo, a las tinieblas y a la bruma, asociados todos ellos a la melancolía, la evocación y la nostalgia.

Enrique Cadícamo apeló a esos temas en varias poesías: "… Alondra gris/ tu dolor me conmueve,/ tu pena es de nieve…/ Madam Ivonne…" (Madame Ivonne); "Barrio tranquilo de mi ayer,/ como un triste atardecer,/ a tu esquina vuelvo viejo…" (La casita de mis viejos); "Afuera es noche y llueve tanto…/ Ven a mi lado, me dijiste,/ hoy tu palabra es como un manto,/ un manto grato de amistad…/ La historia vuelve a repetirse, mi muñequita dulce y rubia,/ el mismo amor… la misma lluvia…/ el mismo, el mismo loco afán…/ …Después, quizá, mordiendo un llanto,/ quedate siempre, me dijiste,/ afuera es noche y llueve tanto,/ …y comenzaste a llorar…" (Por la vuelta); "…¡Niebla del Riachuelo!…/ Amarrado al recuerdo/ yo sigo esperando…/ ¡Niebla del Riachuelo!…/ De ese amor, para siempre, me vas alejando…" (Niebla del Riachuelo); "…Tras el ventanal,/ mientras pega la llovizna en el cristal/ con tus ojos más nublados de dolor/ soñás un paisaje de amor…" (Nunca tuvo novio); "… Gime bandoneón, tu tango gris, quizás a ti te hiera igual/ algún dolor sentimental…" (Nostalgias); "Ven… No te vayas… Qué apuro de ir saliendo/ Aquí el ambiente es tibio/ y afuera está lloviendo…/ … Es cruel la despedida/ y triste el distanciarnos…/ Rubí… En este instante gris, un último dolor/ me causará tu adiós…/ Después la noche, con su frío y con su lluvia/ pondrá su broche sobre mi corazón…/ Ven … que la lluvia, afuera, no ha cesado…/ La noche es cruel y fría…/ ¡No salgas de mi lado!… / ¡Amor!…" (Rubí); "Suena menos gris/ tango, para mí…" (A quién le puede importar); " … Mientras tanto la garúa/ se acentúa/ con sus púas/ en mi corazón…/ ¡Garúa!…/ Solo y triste por la acera/ va este corazón transido/ con tristeza de tapera…/ Garúa… Tristeza…/ Hasta el cielo se ha puesto a llorar…" (Garúa); " Llueve… Llueve en el suburbio/ y aquí solo en esta pieza,/ va subiendo a mi cabeza/ una extraña evocación./ Es la pena de estar solo/ o es la tarde cruel y fría/ que a mi gris melancolía/ la convierte en emoción…/ Hoy la tarde está lluviosa,/ bandoneón, por los recuerdos,/ es por eso que me acuerdo/ de mis tiempos de esplendor…" (Cuando tallan los recuerdos)

Cátulo Castillo los utilizó asiduamente en "…¡Tu coche que pasó me salpicó/ Su noche de fangal y lluvia!…" (Anoche); "… Y en el fondo grisáceo de aquel día de hielo/ ponían una gota de ironía mordaz, / el sol de tus cabellos, tus pupilas de cielo/ y el cuerpito aterido que envolvía el percal…" (Caminito del taller); Rivadavia y Rincón!… Vieja esquina/ de la antigua amistad que regresa,/ coqueteando su gris en la mesa que está/ meditando en sus noches de ayer…/ Cuando llueve en las noches su frío/ vuelvo al mismo lugar del pasado,/ y de nuevo se sienta a mi lado/ Betinoti, templando la voz…" (Café de Los Angelitos); "El farol de una cantina, la neblina del Riachuelo/ que ha tendido bajo el cielo como un pálido crespón/ y en la mesa, donde pesa su tristeza sin consuelo, Don Giovanni está llorando con la voz del acordeón…/ Pero inútil… Ya no queda ni el rincón de la esperanza./ Sólo puebla su tristeza la aspereza del pesar/ y en la niebla de los años, y en la muerte que lo alcanza/ hay un canto como un llanto que regresa desde el mar…/ Es la voz de los veleros que llevaron las neblinas,/ son los viejos puertos muertos que están mucho más allá,/ y los ecos que lo aturden, el alcohol que lo asesina/ cuando grita que su pobre "ragazzina" volverá" (Domani); "Llega tu recuerdo en torbellino,/ vuelve en el otoño a atardecer,/ miro la garúa, y mientras miro,/ gira la cuchara de café…" (El último café); "…Tarantela del barco italiano,/ la cantina se ha puesto feliz,/ pero siento que llora lejano/ tu recuerdo vestido de gris" (La cantina); "…Cerrame el ventanal/ que quema el sol/ su lento caracol de sueño,/ ¿no ves que vengo de un país/ que está de olvido, siempre gris,/ tras el alcohol?…" (La última curda); "… El otoño te trajo, mojando de agonía,/ tu sombrerito pobre y el tapado marrón./ Eras como la calle de la melancolía/ que llovía… llovía sobre mi corazón…/ Un otoño te trajo, tu nombre era María,/ y nunca supe nada de tu rumbo infeliz,/ si eras como el paisaje de la melancolía/ que llovía, llovía, sobre la calle gris." (María); "Paredón,/ tinta roja en el gris/ del ayer…/ Por qué llegó y se fue/ tras del carmín/ y el gris,/ fondín lejano/ donde lloraba un tano/ sus nostalgias de "bon vin" (Tinta roja); "La copa del alcohol hasta el final/ y en el final tu niebla, bodegón…" (Una canción); "La niebla de la noche nos castiga/ con una gris distancia de recuerdos./ La niebla de los puertos y la vida/ que ronda con sus pasos de silencio./ Detrás está la luz de antiguos días/ y el horizonte azul que yo presiento./ Mi soledad te espera en la neblina/ con la canción que llora sin saberlo./ La niebla, carrusel,/ y estamos solos/ girando el carretel,/ el carretel…/ La niebla, carrusel,/ que alguna noche/ ha de acercarse/ con la sombra de él…/ Una canción se filtra entre la niebla/ con una gris mortaja de fantasma,/ y el corazón se sienta en la vereda/ para escuchar los ecos que se apagan…" (Una canción en la niebla).

José María Contursi los empleó en: "Como un fantasma gris llegó el estío/ hasta tu corazón que aún era mío./ Y poco a poco te fue envolviendo/ y poco a poco te fuiste yendo…" (Cada vez que me recuerdes); "…¡Cuántos, cuántos años han pasado,/ Grises mis cabellos y mi vida!/ Loco… casi muerto… destrozado,/ con mi espíritu amarrado/ a nuestra juventud…" (Cristal); "… Y en una noche gris,/ desesperada y gris,/ ¡casi me mato por vos y por mí!…" (Culpable); "¡Qué ganas de llorar/ en esta tarde gris!…/ ¡En su repiquetear/ la lluvia habla de ti!…/¡Y hoy es tu voz que vuelve a mí/ en esta tarde gris!…" (En esta tarde gris); "… La noche que te fuiste,/ más triste que ninguna/ palideció la luna/ y se tornó más gris la soledad…/ La lluvia castigando mi angustia en el cristal/ y el viento murmurando:/ Ya no vendrá jamás…" (La noche que te fuiste).

Los usó Homero Expósito en "… Bajo el gris/ de la luna madura/ se pierde la oscura/ figura de un barco…" (Cafetín); "… Río… sueños… calles… pueblo…/ todo está esperando, ¡todo está lloviendo!… (Déjame volver para mi pueblo); "… Fue en abril/ -el año, ¿para qué?-,/ la tarde estaba gris,/ llovía aquí también/ un llanto de violín/ y un verso de papel…" (Oyeme); "…¡Pobrecita, morocha y rubia!/ que en una cita con la lluvia/ se perdió…" (Oro falso); "…Detrás de la miseria, ya ves… sigo soñando/ mis horas de muchacho que ya no volverán,/ yo sé que se han nublado mis días más felices/ como tus tardes grises, que ya no veré más…" (Pueblito de provincia); "… Tal vez/ de tanto usar el gris/ te ciegues con el sol…/ ¡pero eso tiene fin!…" (Quedémos aquí); "… Y atrás de un tul, siempre París/ vendiendo azul lo gris…" (Siempre París); "… Y sabiendo acaso mis mentiras/ ocultaste tus desvelos/ en el gris de una sonrisa…" (Todo); "…Trenzas de color de mate amargo/ que endulzaron mi letargo gris…" (Trenzas); "… Si me parece verte con la mirada rubia/ detrás de la ventana seguir con interés/ por el cordón de piedra las aguas de la lluvia/ mientras yo fabricaba barcos de papel…" (Barquitos de papel).

Acudió a ellos Homero Manzi en "Después…/ la luna en sangre y tu emoción,/ y el anticipo del final/ en un oscuro nubarrón…" (Después); " Yunta oscura trotando en la noche./ Latigazo de alarde burlón./ Compadreando de gris sobre el coche/ por las piedras de Constitución…" (El pescante); "Esquinita de barrio porteño,/ con muros pintados de luna y de sol,/ que al llorar con tus lluvias de invierno/ manchás el paisaje de mi evocación" (Esquinas porteñas); "Fuí como una lluvia de cenizas y fatigas/ en las horas resignadas de tu vida…" (Fuimos); "…Estás en la penumbra cuando en la tarde se duerme el sol./ En la canción del ave que arrastra el viento como un dolor./ En la gota de lluvia que recogió una flor./ En el temblor del ala que el vendaval golpeó…" (Gota de lluvia); "Garuando en mi ventana murmura la noche./ Las luces de la calle titilan más bellas/ en tanto que tu ausencia parece una estrella/ mojada en la lluvia de mi corazón…/ …Volverás, volverás con el agua/ que al golpear mi cristal da su canto./ Volverás, volverás con el llanto/ que llueve en la noche de mi callejón./ Volverás otra vez del recuerdo/ al nidal de mi fe desolada,/ y estará tu canción amarrada/ con hilos de lluvia que llora mi amor./ Las nubes del fracaso recorren mi cielo./ El trueno de la pena retumba reproches./ El rayo del olvido alumbra mi noche/ y el viento del alma te canta un perdón./ Repica sobre el claro cristal la llovizna./ Un lampo del pasado sus focos asoma,/ y vuelve tu recuerdo como una paloma/ mojada en la lluvia de mi corazón". (Lluvia); "… El viento de la tarde revuelve la cortina./ La mano del recuerdo me aprieta el corazón./ La pena del otoño agranda la neblina: / se cuela por la hendija de mi desolación…" (Mi taza de café); "… Es tan triste vivir entre recuerdos…/ Cansa tanto escuchar ese rumor/ de la lluvia sutil que llora el tiempo/ sobre aquello que quiso el corazón…" (Ninguna); "… Es tal vez por eso que recién me angustian/ tu tono velado, tu sombra, tu gris,/ tu cielo techado de nubes y bruma,/ tu parque llorando con lluvia de abril…/… ¿Qué alma, qué alma buena/ vio la pena, pena/ de la nube gris,/ del camino azuul, del dolor de abril?/ … Somos… lo mismo, con igual destino…/ Garúa borrosa de un día de abril./ Un nido vacío y un viejo camino/ y un aire de ausencia muy triste y muy gris." (Paisaje); "… Adiós…/ la triste y más gris canción de amor…/ Ayer…/ el último y fatal ayer final…" (Torrente)

Héctor Pedro Blomberg evoca en La que murió en París "… La lluvia de otoño mojó los castaños,/ pero ya no estabas en el boulevar…" , y en La viajera perdida "… Pasajera rubia de un puerto lejano/ que un día embarcaste en un puerto gris…/ … ¿Aún vives y sueñas? Quizás hayas muerto,/ pero en mi nostalgia romántica y gris,/ espero encontrarte soñando, en un puerto,/ bajo el claro cielo de un dulce país…"

Francisco García Jiménez los empleó en Barrio Pobre "… Barrio… de mis sueños más ardientes;/ pobre… cual la ropa de tus gentes./ Para mí guardabas toda la riqueza/ y lloviznaba la tristeza/ cuando te dí mi último adiós…", y también en Otra vez, carnaval "… Fugitivas se irán en la aurora/ la ventura y la risa…/ ¡Tendrán todas mis horas/ una gris soledad!…"

Julián Centeya dice en La ví llegar "… Perdido en la tiniebla, mi paso vacilante/ la busca en mi terrible camino de dolor…", y en Claudinette "… Tus grandes ojos negros, afiebrados,/ llenaron de tiniebla mi pobre corazón…/…/ Medianoche parisina/ en aquel café-concert,/ como envuelta en la neblina/ de una lluvia gris y fina/ te vi desaparecer…"

Esos temas figuran también en "… Como el mar, el humo de nieblas la viste,/ y envuelta en la gama doliente del gris,/ parece una tela muy rara y muy triste/ que hubiera pintado Quinquela Martín…/ Pero hay en las noches de aquella cantina/ como un pincelazo de azul en el gris,/ la alegra figura de una "ragazzina"/ más brava y ardiente que el ron y que el gin…" (José González Castillo, Aquella cantina de la ribera).

En menor medida figuran esos temas en "… El rocío de tus hojas/ la garúa de la ausencia,/ con el dolor de un suspiro/ su tronquito destrozó" (Pascual Contursi, Ventanita de arrabal); "Parao en la vereda,/ bajo la lluvia que me empapaba, la vi pasar./ El auto limousine,/ como un estuche, de mi la aislaba con su cristal …" (Manuel Romero, Las vueltas de la vida); "…Llueve, / la noche es más oscura…/Frío,/

Dolor y soledad…" (Alfredo Roldán, Tu pálido final); "Al alba abrí las puertas de mis horas;/ al alba fuiste tú:/ promesa y luces…/ Y ahora están abiertas a un abismo/ el más profundo y gris, porque me huyes…"

(Luis Majul, Mientras viva).

También aparecen en "Remotos bandoneones/ despliegan en la noche/ sus pájaros de brumas…/ … Yo sólo sé que fue el remanso de mi vida gris,/ que en el calvario de mis días fue una tibia luz…" (Rodolfo Taboada, ¿Por qué la quise tanto?); "… Ha pasado sólo un año/ y el adiós abrió su herida;/ un año nada más,/ un año gris/ que en nuestro amor duró una vida…" (Chico Navarro, Nuestro balance); "… La calle es niebla y cerrazón/ y, mientras digo mi canción,/ lloviendo está mi corazón, en oro y gris…" (León Benarós, Oro y gris).

Y los vemos también en "…La calle con mi piel/ y con la piel de usted,/ se puso la llovizna/ y me enseñó a morder…" (Héctor Negro, en Un lobo más); "… ¿Te acordás, hermana, de aquellos cadetes…/ el primer bolero y el té en El Galeón,/ cuando los domingos la lluvia traía/ la voz de Bing Crosby y un verso de amor…?" (María Elena Walsh, El 45); " Humedad… llovizna y frío; mi aliento/ empaña el vidrio azul del viejo bar,/ … Aunque sé que nunca llega, siempre/ que llueve voy corriendo hasta el café…" (Cacho Castaña, Café "La Humedad").

Aparecen también en "… Esquina de las cuadras de mi vida,/ guarida de mis sueños más absurdos,/ embarcadero gris de mi ambición de luz,/ secreta latitud de mi canción…" (Rubén Garello, Buenos Aires conoce); "… Soplaron vientos de hastío en los valles de mi vida/ y trajeron las cenizas de mi lírica ilusión/ hecha carne en las tinieblas de mi juventud perdida/ donde murió mi bohemia/ con mi última canción…" (Luis Rubinstein, Inspiración); " … Y todo a media luz,/ Crepúsculo interior/ ¡Qué suave tercipelo/ La media luz de amor…!" (Carlos Lenzi, A media luz); "… Sueños de gloria/ que truncos quedaron/ y herido me dejaron/ entre brumas de dolor…" (Juan Velich, Mala junta).

Esa relación entre Verlaine y los poetas del tango está reflejada en los versos de Manzi en Canto de ausencia:

Escrito en un poema está tu nombre.
Colgada en la pared tu cara buena.
Tus cartas escondidas en un cofre,
y en un libro de Verlaine, tus azucenas…

 

Nota: Mi agradecimiento a la Lic. Ana María Basso por su referencia a Verlaine y los poetas simbolistas proporcionada gentilmente por el Prof. Conrado de Lucía.

 

Carlos A. Manus
Diciembre 2001

 

 

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