AGONIA DE UN RUFIAN

Carlos A. Alberti

Yo sé que me ha fichao la tenebrosa.
La veo sobre el negro carromato
mostrarme su guadaña espamentosa
pa transportarme hasta la quinta´el ñato.
 
Los giles que la van de engrupimiento
no manyan que yo juno que me pianto.
¿Por qué habré de aflijirme si reviento,
 si a Dios ni al Diablo no le tengo espanto?
 
Yo tengo un pedrigré que no se achica
y hago pata ancha ante cualquier parada...
¡Ni amortajado lo verán que hocica
a este tungo, en su última largada!
 
O si en el cielo o el infiero dentro,
que se aguanten San Pedro o Lucifer:
si van de piolas, al primer encuentro
me los rajo a la tierra a padecer.
 
No sé si el otro mundo tendrá fecas,
catrielas con vestidos de percal,
farolitos tristones en las yecas
y patios milongueros con parral.
 
Si hay ginebra, tintillo y escolazo,
de entrada me las puedo rebuscar,
y de un cacho de cielo yo me amaso
un cotorro debute pa´roncar.
 
Cuando embroquen mi cancha gavionera
y los puntos que calzo en el gotán,
que se ajusten las santas las polleras
porque el cielo será de este rufián.
 

 

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