DESECHO

Carlos A. Alberti


Arrastrando su mísera figura
se le ve por las yecas de la vida,
resignada a la triste desventura
de mendigar un plato de comida.
 
Alma de lupanar desvanecida
que el potién despojó de su hermosura,
dejando en su mirada entristecida
resabios de molicie y de locura
 
Al recordar su vida liceciosa,
la veo exuberante, cadenciosa,
prodigarse al placer con desatino.
 
Y sus glorias pasadas sobre el lecho
ya no cantan ni ríen en su pecho
porque hasta el alma le robó el destino.

 




          

 

 

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