DOS LADRONES

Enrique Otero Pizarro


Hay tres cruces y tres crucificados.
En la más alta, al diome, el Nazareno.
En la de un guin lloraba el grata bueno,
mangándole el perdón de sus pecados.

Escracho torvo, dientes apretados,
mascaba el otro lunfa el duro freno
del odio y gargajeaba su veneno
con el estrilo de los rejugados.

¿No sos hijo de Dios? Dale, salvate.
¿Sos el rey de los moishes? Arranyate.
¿Por qué no te bajas? Andá, che guiso.

Jesús ni se mosqueó. Minga de bola.
Y le dijo al buen chorro: -estate piola,
que hoy zarparás conmigo al Paraiso.


 




          

 

 

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