LA PECADORA ARREPENTIDA

Enrique Otero Pizarro


Entre el mueble y el yiro en el trocén,
fue quemando la vida como un faso.
La tasuer, descolada en el fracaso.
"Amó mucho" y no fué más que un beguen.

Como merca de clande siguió el tren.
Del escabio apuró el amargo vaso.
Le hablaron del Troesma y fue a su paso.
El fato sucedió en Jerusalén.

La naifa de alquiler, de cabarote,
sintiò en el bobo el misterioso brote
de una nueva emoción, tierna y bendita.

Redención a la gurda, clara y neta,
sin el crepe falopa de Griseta
ni la angustia en percal de Milonguita...


 




          

 

 

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