CROTO

Pedro Felipe Oria


Tenía reventada la croqueta
cuando tiró la cruz. Fué su destino
ser atorrante y pedalear caminos
con un cansino andar de vagoneta.
Piantó sin dar los hurras, lo más choto,
luego de embagayar cuatro zonceras
en un placar mistongo de arpiyera
y al poco tiempo se graduó de croto.
 
Hoy, veterano del dolce far niente,
cubierto por la mugre y por los tentes,
reparte su desprecio a la marchanta.
 
Nunca más oyó hablar de un vencimiento,
ni pagaré ni un volador, son cuentos,
y apoliya feliz donde le canta. 

 




          

 

 

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